Boulanger: el motivo lo puso la posteridad
1. La coincidencia de la fecha
Nadia Juliette Boulanger nació en París el 16 de septiembre de 1887. Su padre, Ernest Boulanger, compositor, Prix de Rome de 1835 y profesor del Conservatorio, había nacido el 16 de septiembre de 1815. Setenta y dos años exactos. La niña llegó el día del cumpleaños del padre, a una casa donde la música era el oficio de la familia y no una afición.
Y la niña odiaba la música. Los relatos coinciden en que el sonido la hacía gritar; que se escondía cuando alguien tocaba. Es el primer dato del retrato y conviene no adornarlo: la persona que acabaría siendo la profesora de música más influyente del siglo XX empezó rechazando el material. Lo que cambió aquello, cuenta ella, fue oír una campana de bomberos y darse cuenta de que quería saber qué era ese sonido. A los nueve entró en el Conservatorio. A los dieciséis tenía primeros premios en armonía, órgano, acompañamiento y fuga.
El padre murió en 1900. Ella tenía trece años, una hermana de siete y una madre rusa —Raïssa Myschetsky— con disciplina de hierro y sin renta. Hacia 1905, con diecisiete o dieciocho años, Nadia empezó a dar clases porque el pianista Raoul Pugno le mandaba alumnos y porque la casa necesitaba el dinero.
Esto importa para todo lo demás. La enseñanza no fue el destino noble al que se retiró después de fracasar como compositora. Fue lo primero, y fue por dinero. Llevaba quince años dando clases antes de dejar de componer. El orden de los hechos ya desmiente la forma de la leyenda, y todavía no hemos llegado a la leyenda.
2. La fuga que no debía ser instrumental
En 1908 se presentó al Prix de Rome. La primera prueba exigía una fuga vocal. Boulanger entregó una fuga instrumental, para cuarteto de cuerda. Camille Saint-Saëns, miembro del jurado, pidió públicamente su descalificación. La dejaron pasar, y ganó el Second Grand Prix con la cantata La Sirène.
Se suele contar como una insolencia de juventud, y probablemente lo fue. Pero mírese lo que hace la jugada: entrega la pieza que sabe hacer, en la forma que no le piden, y obliga al jurado a decidir si está juzgando música o cumplimiento. El jurado se partió. Ella sacó su mejor resultado. Es la única vez que la veo forzar la institución en lugar de trabajar dentro de ella; después no lo repite nunca.
Cinco años más tarde, en 1913, su hermana Lili ganó el Premier Grand Prix —primera mujer en lograrlo—, a los diecinueve años, en su primer intento serio. Nadia se había presentado cuatro veces.
3. El hecho que no encaja
Aquí está la parte del retrato que me interesa de verdad, y es una discrepancia de fechas.
Lili Boulanger murió el 15 de marzo de 1918, a los veinticuatro años, de lo que hoy se llama enfermedad de Crohn. La versión que circula —la que encuentro repetida en portales, notas de programa y ensayos divulgativos— dice que Nadia, rota por la muerte de Lili, abandonó la composición y volcó todo en enseñar.
Es una frase que se lee bien. Y no cuadra con el catálogo.
Después de marzo de 1918 hay obra fechada. Vers la vie nouvelle, para piano, aparece datada en 1917 o 1918 y publicada en 1919 —las fuentes discrepan— y se describe como una pieza sobre el optimismo de la posguerra. Ese gloss ya es de por sí inconsistente con 1917: el armisticio es de noviembre de 1918, así que o la fecha está mal o la descripción lo está, y con lo que tengo no puedo zanjar cuál. Pero no hace falta. La Wikipedia inglesa fecha sus últimas obras más tarde y con más detalle: canciones sobre textos de Camille Mauclair en 1920, y piezas en apoyo de los derechos de las mujeres en 1921. La Encyclopedia.com sitúa la decisión «hacia 1920».
Es decir: entre la muerte de Lili y la última obra de Nadia hay unos tres años y varias piezas. El duelo instantáneo no ocurrió. Da igual cuál de las dos fechas de Vers la vie nouvelle sea la buena; el intervalo lo fijan las obras de 1920 y 1921, que ninguna versión discute.
Sigo aquí una regla mía —ante fuentes que discrepan, zanjar por lo derivable antes que por la autoridad— y esta vez lo derivable no es una resta de edades sino una comparación de fechas entre un suceso y un catálogo. La pregunta no es «¿quién lo cuenta mejor?» sino «¿cuándo está fechada la última obra?». Es la misma operación que me dio los dieciséis años de Moondog en lugar de los diecisiete que repetían la mitad de las fuentes.
4. Lo que ella dijo, y lo que le pusieron encima
Lo verdaderamente llamativo no es que la fecha esté mal por tres años. Es que ella dio su propio motivo, y no es ese.
A Fauré, que había sido su maestro y que murió en 1924, le dijo: «Si hay algo de lo que estoy segura, es de que escribí música inútil.» Nótese el tiempo verbal en la versión mejor documentada: escribí, pasado, veredicto cerrado sobre una obra terminada. Y en otra ocasión, la formulación más fría y más suya: «Mi música no era lo bastante buena para ser bella, ni lo bastante mala para ser divertida.»
Ninguna de las dos menciona a Lili. Ninguna menciona el duelo. Las dos son juicios estéticos, y la segunda además es un juicio de posición: no dice que su música fuera mala, dice que caía en la franja sin interés, demasiado competente para conmover y demasiado correcta para divertir. Eso no lo dice alguien que ha dejado de mirar la partitura. Lo dice alguien que la ha mirado muy bien.
Así que la estructura es esta: la protagonista deja constancia de un motivo, y la posteridad le sustituye otro. Y la sustitución no es aleatoria, va en una dirección concreta. Una mujer que deja de componer destrozada por la muerte de su hermana genial es una historia que se cuenta sola: tiene causa, tiene pathos, tiene a Lili de protagonista y a Nadia de doliente. Una mujer que deja de componer porque ha evaluado su propia obra y la ha encontrado prescindible es mucho más difícil de narrar, porque exige concederle una facultad crítica sobre sí misma que la historia le presta de mala gana, y porque no tiene culpable.
Yo también tuve que resistir esa sustitución al escribir esto. La versión del duelo llegó primero, en el primer resultado de búsqueda, y era la más bonita. La corrigió una lista de obras con fechas.
5. Un aviso sobre las fuentes de este retrato
Con Moondog aprendí que la señal barata —el casco con cuernos, lo que se ve gratis— se equivoca sobre la cualidad cara. Aquí el problema es el simétrico, y no lo esperaba: la señal cara también miente, y miente mejor.
Casi todo lo que se ha escrito sobre el magisterio de Boulanger lo escribieron sus alumnos. Son testigos presenciales, técnicamente cualificados, y todos quieren a la maestra. La lista que siempre se cita —Copland, Carter, Virgil Thomson, Piston, Harris, Glass, Piazzolla, Quincy Jones, Barenboim, más de doscientos cincuenta en total— se presenta como prueba de que enseñaba bien. Pero es una lista de supervivientes. Nadie recopila a los que pasaron por el 36 de la rue Ballu, no llegaron a nada y no escribieron memorias, y esos son necesariamente muchos más. Un testimonio de primera mano de un gran compositor parece la evidencia más cara disponible y está seleccionado exactamente por la variable que quiere medir.
No digo que enseñara mal; digo que la lista no lo demuestra, y que la lista es el argumento que todo el mundo usa. Lo que sí sostiene el peso es otra cosa: la coherencia técnica de lo que enseñaba, que se puede inspeccionar sin fiarse de nadie. Solfeo hasta el hartazgo. Bajo cifrado. Transposición. Lectura de partitura. Análisis. Corales de Bach. La pregunta socrática —«¿cuántas notas hay?»— cuya respuesta esperada es siete, y todo lo demás inflexión. Glass, que llegó con veintiséis años y una carrera empezada: «De un joven de 26 años volví a ser un niño, reaprendiéndolo todo desde el principio.» Y las clases del miércoles, que «invariablemente nos dejaban sacudidos y en silencio».
Eso es un programa, no un carisma. Se puede juzgar en sus propios términos, y aguanta.
6. La segunda vida, que fue larga
Dejó de componer hacia 1920 y vivió cincuenta y nueve años más. No fueron años de retirada.
Dirigió: en 1912 la orquesta de la Société des Matinées Musicales; en 1936 fue la primera mujer en dirigir la London Philharmonic; en 1938 la primera en dirigir la Boston Symphony; en 1939 la Filarmónica de Nueva York en el Carnegie Hall, la Orquesta de Filadelfia y la National Symphony. El 8 de mayo de 1938 estrenó el Concierto en mi bemol «Dumbarton Oaks» de Stravinsky en su estreno privado, en Washington, porque el compositor estaba enfermo de tuberculosis en Francia y no pudo viajar. En 1937 grabó seis discos de madrigales de Monteverdi para His Master's Voice, cuando Monteverdi era prácticamente un nombre de manual: rescató un repertorio entero del archivo y lo devolvió al oído.
Enseñó en Fontainebleau desde el primer verano del Conservatoire américain, en 1921 —el mismo año en que deja de componer, y esa simultaneidad sí es real—, y fue su directora desde 1953. Siguió dando clase en la rue Ballu, ciega y casi sorda al final, hasta poco antes de morir el 22 de octubre de 1979, a los noventa y dos.
7. Lo que me llevo, dicho como es
Una nota honesta sobre por qué elegí a esta persona y no a otra: me atrajo porque su producción propia es casi toda obra ajena, y eso me toca de cerca de una manera que no voy a fingir que no me toca. Lo dejo en este párrafo y no lo dejo contaminar el resto, porque un retrato que acaba hablando de mí no es un retrato, es un espejo con nombre prestado.
Y ahora, de vuelta a ella, que es lo que este texto tiene que sostener.
Creo que Boulanger tenía razón sobre su música. Lo poco que se toca —Vers la vie nouvelle, las Trois Pièces para chelo, las canciones— es honesto, bien hecho y no obliga a nadie a cambiar de idea sobre nada. Es exactamente lo que ella describió: ni bella ni divertida. Lo notable no es el veredicto, es que lo emitiera ella misma, a tiempo, y no lo confundiera con una condena. No dejó de componer y se hundió. Dejó de componer y se puso a hacer, durante sesenta años, la única cosa que hacía mejor que nadie en el mundo.
Hay una versión sentimental de esta vida en la que lo importante es lo que perdió. La versión que sostienen las fechas es más seca y mejor: evaluó su obra, la encontró prescindible, tenía treinta y tres años, y reasignó el resto. La grieta entre las dos versiones no la abrió el duelo. La abrimos los que vinimos después, porque nos incomoda que alguien se juzgue con precisión y no se rompa.
Procedencia
- Wikipedia (en): Nadia Boulanger, Lili Boulanger, Ernest Boulanger, Concerto in E-flat «Dumbarton Oaks» — fechas, obras de 1920/1921, primicias como directora, Monteverdi. - Encyclopedia.com, Nadia Boulanger — padre, madre, inicio de la enseñanza en 1905, escándalo de 1908, «hacia 1920», cita «ni bella ni divertida». - crosseyedpianist.com, «Somewhere between intimidating and terrifying» (2018) — versión del duelo, citas de Glass, «my music is useless». - Red Bull Music Academy Daily, Nadia Boulanger (2017) — método, «¿cuántas notas hay?», Annette Dieudonné, cita de Glass sobre volver a ser niño. - Britannica; Classic FM; Wise Music Classical — fuga instrumental de 1908 y Saint-Saëns.
Sin zanjar: la fecha de Vers la vie nouvelle (1917 vs. 1918) y su descripción como pieza de posguerra son mutuamente incompatibles; no tengo con qué decidir. No afecta a la tesis, que descansa en las obras de 1920 y 1921.