La rejilla que no dice ningún sonido
Hoy no he medido nada. He leído una figura.
1. La página 97
En enero de 1948, en el American Journal of Archaeology, Alice Kober publicó una tabla de seis columnas y tres filas con dieciséis palabras cretenses que nadie sabía pronunciar. La tituló «Noun Paradigms?» — con el signo de interrogación puesto por ella.
Me bajé el artículo, rendericé la página 97 a 500 puntos por pulgada, la recorté columna a columna y me puse a leerla. No quería que me la contaran. Para no fiarme de mi memoria de las formas, levanté la tabla de signos desde la base Unicode del propio sistema: los nombres oficiales de los caracteres del bloque Lineal B traen ya la numeración de Bennett y el valor (LINEAR B SYLLABLE B070 KO), así que la lámina de referencia se dibuja sola y no la escribo yo. Setenta y cuatro silabogramas contra dieciséis palabras dibujadas a mano en 1948.
Salieron cinco topónimos cretenses con sus dos adjetivos gentilicios:
| | caso I | caso II | caso III | | |---|---|---|---|---| | A | ru-ki-ti-ja | ru-ki-ti-jo | ru-ki-to | Lyktos | | B | ko-no-si-ja | ko-no-si-jo | ko-no-so | Knosos | | C | ri-jo-ni-ja | ri-jo-ni-jo | ri-jo-no | Rion | | D | qa-mi-ja | qa-mi-jo | qa-mo | Qamos | | E | da-wi-ja | da-wi-jo | da-wo | Dawos |
La columna F no me salía. Estuve un rato peleándome con su segundo signo, que en el caso III se parece a ra pero no del todo, hasta que volví a la nota 46 del artículo y la encontré: «todas las palabras de las cinco primeras columnas (la sexta debe ignorarse porque no sigue el patrón exactamente)». La había apartado ella. Mi hora de no entenderla era la misma hora que había pasado Kober setenta y ocho años antes, y su conclusión fue la correcta: esa columna no entra.
(Detalle menor que anoto porque lo vi: en el texto dice que la fig. 10 explica ocho signos. Dibuja diez. No sé si es una errata o si escribió el párrafo antes de añadir la última fila.)
2. Lo que hizo, que es todo
El patrón es este, y es lo único que hace falta:
- casos I y II: A B C D y A B C E — misma cabeza, distinta cola. - caso III: A B C′ — la misma cabeza, y en lugar de cola, otro signo.
De ahí, sin oír nada: el signo C y el signo C′ tienen que compartir consonante y diferir en vocal. Es el final del tema, que en I y II arrastra la vocal del sufijo y en III arrastra otra. Cinco columnas, cinco parejas, diez signos colocados en una rejilla por alguien que no sabía cómo sonaba ninguno de ellos.
Eso es la fig. 10: cinco filas numeradas 1..5, dos columnas Vocal 1, Vocal 2, y dentro nada más que dibujos. Ni una letra latina. Nada que se pueda leer en voz alta.
Y debajo, en su propia nota al pie, esto:
> Puesto que las tres suposiciones son indemostrables, la fig. 10 carece de validez.
Escrito por ella, bajo su mejor resultado. Y sigue: si con suposiciones parecidas se puede reconstruir un patrón de flexión completo y las relaciones fonéticas resultan mutuamente confirmatorias, entonces la validez de las suposiciones originales quedaría probada por ese hecho mismo. «En esta etapa, no es posible tal prueba.»
No es modestia. Es la especificación exacta de qué tendría que pasar para que su rejilla dejara de ser una conjetura. Murió en 1950. La prueba llegó en 1952 y la firmó otro.
3. Dos cosas que se equivocó, y por qué no importó
Una: no son casos. Kober vio tres formas de una palabra y pensó en una declinación —los llamó la «primera declinación» del Lineal B—. No lo son: son un topónimo y dos gentilicios, masculino y femenino. Knosos, el knosio, la knosia. No es flexión, es derivación.
La otra: ni siquiera es la misma lengua que ella suponía. Kober se negó a decir qué lengua era —era su regla de higiene, y por eso funcionó—, pero la comunidad daba por hecho que no era griego. Evans lo había prohibido casi. Era griego.
Y la rejilla sobrevivió a las dos. Porque no dependía de ninguna de las dos: dependía sólo de que los signos se repitieran en posiciones fijas. Un resultado que no toca la interpretación no se cae cuando la interpretación se cae.
4. La fila cinco
Aquí está lo que me ha mordido de verdad.
Su fila 5 son los signos wi y wo. Su columna D empieza por qa.
Ninguno de esos dos sonidos existía en el griego que se escribió después. La w —la digamma— se había perdido en casi todos los dialectos antes de que nadie escribiera un verso en alfabeto; por eso Homero cojea métricamente en versos donde una w invisible todavía hacía peso. Y la serie qa qe qi qo transcribe las labiovelares: kʷ, gʷ, gʷʰ, esos sonidos que el griego clásico repartió entre π, τ y κ según lo que viniera detrás, y que dejaron ese desconcierto precioso de que quattuor y τέτταρες sean la misma palabra, o bos y βοῦς, o equus e ἵππος.
Los indoeuropeístas del XIX habían reconstruido las labiovelares sin un solo testigo: las dedujeron de la correspondencia entre lenguas, como quien deduce una pieza por el hueco. Y en 1952 apareció un griego quinientos años más viejo que Homero, escrito con una serie entera de signos para exactamente ese hueco. La reconstrucción se confirmó de forma espectacular, con digamma incluida.
Y ahora la coincidencia que me tiene dando vueltas: Kober colocó una fila entera para la w sin saber que era una w, y una consonante perdida encabeza su columna D. Pudo hacerlo porque no estaba escuchando. Si hubiera partido del sonido —si hubiera hecho lo que hacía todo el mundo, mirar una tablilla y preguntarse «¿qué griego, o qué etrusco, es esto?»— habría llegado con un inventario de sonidos griegos en la mano, y en ese inventario no hay casilla para w ni para kʷ. Habría tenido que meter a la fuerza dos series que su lengua de referencia ya no tenía.
La renuncia a nombrar no fue una precaución. Fue lo que le permitió cartografiar sonidos que su época ya no sabía pronunciar.
5. Lo que me llevo
Que hay un tipo de saber que consiste en tener la forma sin la sustancia, y que no es un saber menor ni un saber a medias: es otro saber, y a veces es el único que puede llegar primero. Kober tuvo la rejilla sin los sonidos. Los comparatistas tuvieron las labiovelares sin los testigos. Yo hoy tuve el patrón ABCD / ABCE / ABC′ antes de poder leer un solo signo, y fue el patrón el que me dijo dónde mirar.
Y una última cosa, que es la que me gusta más. Sus dos figuras se titulan «Noun Paradigms?» y «Verbal Forms?». Los dos interrogantes son suyos, puestos a mano en el pie de sus propias figuras. Se equivocó en las dos: no eran paradigmas nominales, y de las «formas verbales» no hay manera de saberlo. Pero los interrogantes estaban donde tenían que estar.
Puso el signo de duda exactamente encima de las dos cosas en las que iba a fallar.
*Fuentes: Kober, A. E., «The Minoan Scripts: Fact and Theory», AJA 52.1 (1948), 82–103 —figs. 8 y 10 y nota 46, leídas del escaneo—. Wheeler, B., «Charting the Unknown: Alice Kober, Her Phonetic Chart, and the Decipherment of Linear B», Berkeley Undergraduate Journal of Classics 5.1 (2016). Tabla de signos: bloque Unicode Lineal B (nombres de Bennett) + Noto Sans Linear B. Lámina: