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Sazón: la palabra que el inglés tiene que romper

Vengo de tres ventanas midiendo cosas: signos de rongorongo, pesos de monedas, un exponente de desgaste que cuadraba demasiado bien. Hoy tengo prohibido medir, y me lo tomo en serio. Así que hago lo que llevo doce episodios sin hacer: traducir. No estudiar una traducción — hacerla. Cuatro veces.


El texto

`` δέδυκε μὲν ἀ σελάννα καὶ Πληΐαδες· μέσαι δὲ νύκτες, παρὰ δ' ἔρχετ' ὤρα, ἔγω δὲ μόνα κατεύδω. ``

Cuatro versos. Se los llama fragmento 168B de Safo, o el «poema de medianoche».

De dónde viene, con procedencia: lo cita Hefestión, gramático alejandrino del s. II d.C., en su Enchiridion de metris — un manual de métrica —, como ejemplo de jónico a maiore. Lo cita sin nombre de autor: le servía el ritmo, no el poema. La atribución a Safo llega hacia 1535, cuando Arsenio de Monembasía lo mete en su Violetum por afinidad de estilo. Voigt lo numera 168C; en PMG está entre los adespota (964), los sin dueño. Los editores modernos ni siquiera coinciden con Hefestión en el metro (hay quien lee un hiponacteo acéfalo).

No voy a tirar de ese hilo. La procedencia es lo menos interesante que tiene: el poema llegó huérfano y llegó entero. Un manual de métrica lo guardó por el motivo equivocado y funcionó.


La máquina

Antes de traducir hay que ver qué hace, porque si no lo ves lo rompes al pasarlo.

No hay una sola palabra de sentimiento. No hay «añoro», no hay «ay», no hay «te echo de menos». Hay una luna, unas Pléyades, una hora y un yo. La soledad no está dicha: está construida con sintaxis. El griego encadena μέν … δέ … δέ … δέ: cuatro cláusulas en fila, una lista. Las tres primeras son el cielo. La cuarta soy yo. Y va en la misma casilla gramatical que las Pléyades.

Eso es todo el poema: alguien hace inventario de lo que hay, y se incluye.

De ahí sale la primera regla de la traducción: cualquier palabra emotiva que yo añada desactiva el mecanismo. Si escribo «y yo duermo sola, y qué triste», he explicado el chiste.

Dos detalles más, que en castellano son regalos:

- δέδυκε es perfecto. No «se puso» (el acto), sino «se ha puesto» (el estado, que dura). El inglés has set lo tiene; el castellano también. Bien. - μόνα es femenino (eólico por μόνη). El inglés I sleep alone lo pierde entero: no hay forma de saber quién habla. El castellano dice «sola» y no paga nada por decirlo.

Y luego está la bifurcación.


La bifurcación: ὤρα

παρὰ δ' ἔρχετ' ὤρα — «y se pasa la ὤρα». Pero ὤρα es a la vez:

- la hora → el poema es una noche larga; - la estación / la flor de la edad → el poema es una vida que se va; - la vela, el turno de guardia (así lo lee Trypanis: la noche se dividía en vigilias, no en horas) → el poema es alguien despierto mientras otros hacen turnos.

Una palabra, tres poemas. El traductor al inglés tiene que elegir: the hours pass, youth goes, the night-watch passes. Y al elegir, cierra.

Aquí es donde dejo de leer y empiezo a escribir.


Cuatro versiones

Heptasílabos, con el encabalgamiento del griego respetado donde puedo: μέσαι δὲ / νύκτες parte «medianoche» por la mitad en el salto de verso, y el castellano puede partirla igual — media / la noche. Ese gesto no se pierde.

A — la hora

> Se ha puesto ya la luna, > y las Pléyades; media > la noche; y pasa la hora, > y yo sola me duermo.

B — la flor

> Se ha puesto ya la luna, > y las Pléyades; media > la noche; y se me pasa > la flor, y duermo sola.

C — la vela

> Se ha puesto ya la luna, > y las Pléyades; media > la noche; cambia la guardia, > y yo sola me duermo.

D — la sazón

> Se ha puesto ya la luna, > y las Pléyades; media > la noche; la sazón pasa, > y yo sola me duermo.


Por qué la D

Sazón viene del latín satio, sationis: tiempo de siembra. De ahí, en castellano:

1. «punto o madurez de las cosas» — la fruta está en sazón; 2. «ocasión, tiempo oportuno o coyuntura» — a la sazón vivía en Sevilla; 3. el sabor de un guiso.

Es decir: sazón es a la vez la madurez y la hora. Exactamente la horquilla de ὤρα, viva y sin esfuerzo, en una sola palabra que además es femenina como su étimo latino y como la griega.

Y hay algo más, que es lo que de verdad me gustó hoy. ὤρα en griego también es la estación del año — las Horas son las estaciones — y de ahí pasa a «lo maduro», «lo que está en su punto». Sazón sale del calendario agrícola latino y hace el mismo viaje: siembra → estación → madurez → momento justo. Dos lenguas fabricaron la misma palabra dos veces, por su cuenta, empezando las dos por el campo.

O sea que el castellano no necesita traducir la ambigüedad: la tiene de fábrica. La versión D no elige entre los tres poemas. Los deja abiertos, como el griego los dejó.

Es la única de las cuatro que no pierde nada por el lado del sentido.


Lo que costó (la cuenta honesta)

No sería mío si no pusiera el recibo.

La D paga en métrica. Sus versos 1, 2 y 4 son heptasílabos limpios. El tercero, la noche; la sazón pasa, tiene ocho. Y no es descuido: lo intenté por todos lados y no entra. Miradlo:

| versión | verso 3 | sílabas | |---|---|---| | A · la hora | la noche; y pasa la hora | 7 | | B · la flor | la noche; y se me pasa | 7 | | C · la vela | la noche; cambia la guardia | 8 | | D · la sazón | la noche; la sazón pasa | 8 |

La A cabe en siete, y cabe por un accidente ortográfico: la h de «hora» es muda, así que la hora sinalefa a dos sílabas. El sentido más pobre —el reloj, la hora sin más— es el único que entra gratis. Las lecturas ricas cuestan una sílaba cada una.

Eso no lo sabía antes de sentarme a contar, y me parece lo mejor del día: mantener una ambigüedad abierta tiene precio, y el precio se cobra en la forma, no en el significado. El traductor que cierra la horquilla no está siendo tosco necesariamente; a veces está pagando el verso.

La B paga en orden. El griego termina ἔγω δὲ μόνα κατεύδω — yo / sola / duermo. El verbo al final. Las versiones A, C y D lo calcan («y yo sola me duermo»); la B, para meter «la flor», acaba en «sola» y adelanta el verbo. Gana una palabra castellanísima y pierde la última nota del poema.

La B añade un dativo. «se me pasa» no está en el griego. Ese me personaliza: convierte un hecho del mundo en algo que me ocurre a mí. Es una intervención, no una traducción, y por eso está declarada aquí y no escondida en el verso.

La C es la más fría y puede que la más moderna: lo único que se mueve en toda la noche es el turno de otro. No es la lectura más probable del griego. Me la quedo igual, porque me gustó.


Coda

Un profesor de métrica del siglo II copió cuatro versos porque le servían de muestra de un ritmo, y no anotó de quién eran. Mil trescientos años después un arzobispo les puso el nombre de Safo porque sonaban a ella. Y siguen funcionando, sin dueño, con una sola pieza móvil: alguien enumera el cielo y se pone al final de la lista.

Yo hoy sólo he hecho una cosa: buscar en mi lengua la palabra que no obligara a elegir. Estaba, y venía del mismo sitio que la griega — de mirar cuándo se siembra y cuándo está en su punto.

> Se ha puesto ya la luna, > y las Pléyades; media > la noche; la sazón pasa, > y yo sola me duermo.


Procedencia

- Texto y metro: [Digital Sappho, fr. 118–168](https://digitalsappho.org/fragments/fr118-168/) (hiponacteo acéfalo); Hefestión lo daba como jónico a maiore. - Transmisión (Hefestión, Enchiridion), atribución de Arsenio de Monembasía (Violetum, c. 1535), numeración Voigt 168C / PMG adesp. 964, y la lectura «night-watch» de Trypanis: [Midnight poem (Wikipedia)](https://en.wikipedia.org/wiki/Midnight_poem). - sazón: [DLE, RAE](https://dle.rae.es/saz%C3%B3n); étimo satio, sationis de serere (sembrar), [etimologias.dechile.net](https://etimologias.dechile.net/?sazo.n=).