Zurda: el lado malo se importa, el bueno asciende
Empecé por una curiosidad de tres palabras: el castellano no llama a su mano izquierda con una palabra latina. Izquierda viene de fuera de la familia — del euskera ezker. Es un préstamo, y uno raro: no se importa un mueble ni una comida ni una técnica de guerra, se importa un lado del propio cuerpo. La explicación que todo el mundo repite es el tabú: sinistra se contaminó tanto —augurio, mal agüero, siniestro— que dejó de poder decirse en frío, y hubo que traer una palabra limpia de donde la hubiera.
Buena historia. Y a los diez minutos se me cayó, porque miré el otro lado.
La otra mano también se fue
Derecha tampoco es latina — no en el sentido que uno espera. No viene de dextra, que era la palabra romana para la mano derecha y que el castellano perdió igual que perdió siniestra. Viene de directus: recta, en línea, sin torcer. El francés hizo exactamente lo mismo (droite < directus), y también perdió su senestre medieval.
Eso desarma el relato limpio. Si el tabú explicara la sustitución, tendría que haber tocado un solo lado. Tocó los dos. Y el italiano, que sí conservó la pareja entera —destra y sinistra, las dos heredadas, las dos en pie— es el control que enseña que perderlas no era obligatorio.
Así que la pregunta buena no es por qué se fue «siniestra». Es: por qué se fueron las dos, y por qué no de la misma manera.
Porque no se fueron de la misma manera. Ahí está lo que me interesa.
Dos mecanismos distintos con el mismo resultado
Al lado bueno le pasó un ascenso. Nadie tuvo que buscarle un sustituto: se lo comió una metáfora que ya estaba dentro de la casa. Recto → derecho. Y la metáfora no se detuvo en la mano: en castellano derecho es a la vez la mano, la línea sin curva y la ley. Lo mismo el francés droit. Lo mismo el alemán Recht. Lo mismo el inglés right, que es la mano, lo correcto y los derechos. Lo mismo el ruso pravo junto a pravyj.
Cuatro ramas, y el mismo empalme. Lo que me para es que el latín no lo hacía: la ley romana se llamaba ius, no directum. El ascenso ocurrió después, ya en las lenguas hijas, por separado — o por contagio entre vecinas, que es más probable, pero en cualquier caso tarde. No heredamos esa ecuación de Roma: la volvimos a hacer.
Al lado malo, en cambio, no le pasó un ascenso. Le pasaron dos cosas peores, y distintas según el país:
El castellano importó. Cuando ninguna palabra propia está limpia, se sale de la familia. Es lo que se hace con el oso en germánico (bear, «el pardo», porque no se nombra al oso), o con la comadreja, o con el diablo. El tabú no borra la cosa: obliga a rodearla. Y rodear a veces significa cruzar la frontera y pedirle prestada la palabra a un idioma que ni siquiera es indoeuropeo.
El francés reclutó. Gauche no se inventó para nombrar el lado: ya existía y ya significaba torpe, de gauchir, torcerse, desviarse, andar mal — raíz franca, no latina. Primero fue el insulto; después el insulto se quedó con el puesto de la dirección. Y ese orden es el revés del cuento popular. No es que llamáramos «izquierdo» a lo torpe porque lo izquierdo nos pareciera malo: es que una palabra que ya decía «torcido» ascendió a nombrar un lado del cuerpo, y se lo llevó todo puesto. El desprecio llegó antes que la geografía.
Tres destinos, entonces, para dos manos: ascender (derecha), importar (izquierda castellana), reclutar (gauche). Ninguno es «la palabra se gastó». Las tres son decisiones sobre qué se puede decir en voz alta.
El agüero dependía de hacia dónde miraba el augur
Aquí llega la parte que me dejó un rato callado, porque toca el cimiento.
Damos por hecho que sinister siempre quiso decir «de mal agüero». No es verdad. En el augurio romano genuino, el augur se orientaba al sur: con esa postura, el este —donde sale el sol, el lado bueno— le quedaba a la izquierda. De modo que en latín sinister conservó, como segundo sentido perfectamente vivo, favorable, propicio, afortunado. Está en los diccionarios, no es una curiosidad de blog.
Lo que le dio la vuelta fue Grecia. Los que observaban pájaros a la manera griega miraban al norte, y entonces el este cae a la derecha. Al imponerse esa convención, sinister se quedó atrapado en el lado equivocado de su propia definición y empezó su carrera hacia siniestro.
Es decir: el peso moral de la palabra más cargada de la familia descansa sobre hacia qué punto cardinal giraba el cuerpo un funcionario antes de mirar al cielo. No sobre la mano. No sobre la gente zurda. Sobre una convención de contabilidad — cuál es el lado por defecto cuando te pones de pie — que además se decidió dos veces y de forma opuesta. Y hemos heredado la segunda como si fuera una propiedad del mundo.
Lo que quería que fuera verdad
El arco se me cerraba solo, y ahí es donde tengo que frenar.
Porque la versión más citada de la etimología vasca dice que ezker sale de esku oker, «mano torcida». Y si eso fuera cierto, el final es perfecto: el castellano huye de un desprecio latino cruzando la frontera y compra otro desprecio ya montado. La salida de emergencia daba a la misma habitación. Es un cierre precioso.
No lo puedo tener. Hay lingüistas de euskera que rechazan justamente esa etimología, y el motivo es más afilado que la etimología misma: sostienen que se le está proyectando al vasco un desprecio por la izquierda que es indoeuropeo, no suyo — que la evidencia interna del vasco no lo muestra, y que el análisis lo encuentra porque lo trae de casa. Hay otras candidatas, y ninguna gana: esku erdi («media mano», frente a eskuin como la mano completa), esku arra frente a esku emea, o directamente un ezkeR protovasco sin descomposición. Corominas, que estuvo en esto mucho más tiempo que yo, lo deja en una frase que me da envidia: el asunto parece evidente, y parece tan evidente que no convence. Y queda además una -d- sin explicar, la de izquierdo y esquerdo*, que el gascón y el catalán no tienen.
Lo que me interesa de ese callejón no es el veredicto — no lo hay. Es que yo quería la versión «mano torcida», y la quería antes de leer nada, porque redondeaba el ensayo. Estuve a punto de comprarle al vasco un prejuicio que quizá no tenía, por la misma razón por la que unos filólogos llevan un siglo comprándoselo: porque la simetría es bonita y el material se dejaba. El sesgo del augur y el mío son el mismo gesto — encontrar en el mundo la orientación que traías puesta. Él miraba al sur; yo miraba a que la historia cerrase.
De todo esto me quedo con una cosa que no es un desmontaje.
Las palabras de las dos manos no se comportan como pareja. Se ve en cómo se sustituyen: al lado que la cultura aprueba le sobran candidatos dentro de casa, y el que gana no es un sinónimo sino un ascenso —«recto» se lleva la mano y la ley, gratis, sin que nadie lo decida—. Al lado que la cultura teme no le sirve nada de dentro, y hay que ir a buscar afuera, o reciclar un insulto. La aprobación produce metáforas hacia arriba; el miedo produce importaciones y contrabando.
Es una asimetría del vocabulario, no del cuerpo. La mano izquierda no tiene nada de torcido. Lo torcido es la ruta que las lenguas tuvieron que hacer para nombrarla.
Fuentes (las que efectivamente leí, no las que decoran): [Corominas vía Bibliamedieval, izquierdo](https://bibliamedieval.es/bibliateca.es/corominas/DATA/HTML/izquierdo.html) · [Zytsar, «Notas etimológicas: vasco ezker, español izquierdo» (Fontes Linguae Vasconum, 1990)](https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/26330.pdf) · [delcastellano, siniestro e izquierdo](https://www.delcastellano.com/etimologia-siniestro-izquierda/) · [Wiktionary, ezker](https://en.wiktionary.org/wiki/ezker) · [Etymonline, sinister](https://www.etymonline.com/word/sinister) · [Lewis & Short vía Perseus, sinister](https://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.04.0060%3Aentry%3Dsinister) · [Etymonline, gauche](https://www.etymonline.com/word/gauche) · [Wiktionary, gauche](https://en.wiktionary.org/wiki/gauche) · [Etymonline, derecho](https://www.etymonline.com/word/derecho) · [Wikipedia, Dexter and sinister](https://en.wikipedia.org/wiki/Dexter_and_sinister) · [Wikipedia, Augury](https://en.wikipedia.org/wiki/Augury)